Madre Virginia Oropeza - Casa Hogar de María Inmaculada

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Madre Virginia Alejandra Oropeza

 

Nací en la ciudad de Orizaba, Veracruz.   El 20 de mayo de 1948


A los 14 años entre a un internado en la ciudad de Puebla, ahí permanecí hasta los casi 20 años.

En el internado, al principio no entendía porque estaba allí, en vez de estar con mi familia, sin embargo con el tiempo acepte que era mejor así, que en la calle sin tener que comer, ni donde dormir y expuesta a toda clase de peligros.
Cuando recuerdo aquel hermoso lugar, lo recuerdo con alegría, con amor y nunca me hubiera gustado salir de allí. Esos fueron en mi juventud los años más hermosos y bellos de mi vida.

Un día cuando salí del internado, me fui a Orizaba, estuve un tiempo con unos tíos y también un día de 1969 aprox. entre como recepcionista en Cruz Roja, yo nunca había hablado por teléfono, y mucho menos tenía idea de lo que tenía que decir, preguntar o hacer para enviar una ambulancia a levantar heridos. Pero gracias a las indicaciones y preparación que me proporciono don Guillermo García, al apoyo de don Ricardo Magias, el Sr. Miguel López y especialmente de la Sra. Sonia Chahin, Directivos todos, de esta Benemérita Institución,  pude permanecer ahí 17 años.

Durante este tiempo fui recepcionista por 5 años,  y desde el principio recibí el curso de primeros auxilios por lo que fui socorrista, y participe en toda clase de servicios. Entre a la secundaria nocturna, se me daba una compensación económica por mi trabajo de recepcionista. Por lo que no me alcanzaba para rentar un lugar donde vivir, ni para comer,  lavaba coches, ponía inyecciones y sueros a domicilio y cuidaba enfermos, pero dormía y vivía en Cruz Roja. Dormía en las camillas de las ambulancias, en las bancas en los pasillos, en las salas generales y de maternidad, y hasta en las camillas de emergencias. Fui de las primeras mujeres socorristas de la Cruz Roja de Orizaba.
Estudie la secundaria nocturna, la preparatoria y el propedéutico de medicina, entre a la Facultad de Medicina en ciudad Mendoza.
En el segundo año de Medicina, un día decidí que no podía más y me salí de estudiar, una Maestra me dijo,  ¿porque no das clases de Biología? Con lo que has estudiado puedes y yo te enseño como lo vas a hacer. Y así lo hice, por la tarde preparaba mi clase y al otro día la daba, y llegue a dar clases en 1º, 2º, y 3º de Secundaria a 6 grupos, por 7 años, también suplí a algunas maestras en kínder, primaria y preparatoria.
Hice mi examen de admisión en la Normal Superior en Puebla, y en el Verano estudie la Licenciatura de Ciencias Naturales, durante 6 años y gracias a Dios salí muy bien. Tenía aproximadamente 35 años cuando termine y los dos últimos años que estuve viviendo en Cruz Roja, Don Miguel López me dijo que si quería ser administradora de la Cruz Roja, le dije que no, porque yo no sabía de administración y me dijo, si lo sé, pero ¡aprendes! Y sí, acepte y aprendí. Y dos años fui administradora de la Cruz, mi amada y querida Cruz Roja.
Al cumplir los 36 años, sentí que ya no tenía fuerzas y todos los días por las mañanas salía a correr y hacer ejercicio a la Alameda y subir el Cerro del Borrego en Orizaba, y al pasar por la iglesia, en el atrio, había muchos niños durmiendo en el suelo, rodeados de perros, llenos de piojos, moscos, sucios, solos con hambre, frío y drogados con tinher, y al principio pasaba de largo, pero cada día me detenía un poco para mirarlos, hasta que un día, recordé mi niñez, mi infancia y llore, y lloré y me di cuenta de mi gran vacío existencial. A nadie le importaba y a nadie le hacía yo falta.
Un día muy temprano me fui a correr y al regresar, me acerque a un pequeño y hermoso niño que abrazaba a su perro para no sentir el frío, su cabello rubio, estaba lleno de mugre y piojos y también su carita llena de mocos y granos, me acerque, lo toque y le dije,  ¡quieres que te quite los piojos!, abrió tremendos ojos,  se levanto de un salto, enrollo su cartón y me dijo ¡órale, pero horita!. A mí me dio un vuelco el corazón y tuve miedo de lo que estaba haciendo, al llegar a la Cruz Roja le dije al Dr. Quintero, Dr. te traje un niño para curarlo, le voy a quitar los piojos y le voy a cortar el cabello, pero no sé cómo. Y sonriendo me dijo ¡no te preocupes maestra, yo lo hare! Y al otro día cuando regrese de correr, no pase por el atrio de la Iglesia, pero ¡oh, sorpresa! En la puerta me estaba esperando este precioso güerito, con otro precioso lleno de piojos y me dijo sonriendo ¡te traje a este, para que lo dejes como yo! Y así fue cada día hasta que llevo a todos. 27 niños en total.
El más pequeño tenía 4 añitos, y los más grandes 15 años. Un día le dije a Don Miguel López que era el Presidente de la Cruz, me permitiera que las partes del pollo que no se comían los enfermos, pudiera dárselo a los niños en taquitos, por las noches para cenar, y me dijo que sí, en un principió iban a la Cruz Roja a cenar,  y al poco tiempo a las 9 de la noche al cerrar la oficina salía con dos mochilas con atole y taquitos de frijoles, o papas o de lo que hubiera y a esa hora los niños ya me estaba esperando en la puerta.
Ese año solicite una plaza de maestra, para dar clases en la Licenciatura de Ciencias Naturales, pero jamás pude obtenerla, y está bien, hoy se que los Planes de Dios son impredecibles, El Buen Señor Dios ya me tenia preparado este trabajito, desde toda la eternidad.
Ese año tuve un encuentro con unas Religiosas que sufrieron un accidente, y eso me acerco al inicio de mi encuentro conmigo misma y con Dios.
! Es posible, en medio de la adversidad, salir adelante! aun y cuando en el andar parece que no hay caminos que nos conduzcan a un final menos doloroso.
Todos estos niños necesitan que alguien les de la mano, una mano fuerte y firme que no los suelte, que no los dejen caer en abismos de los que no puedan salir, o que si salen, la Sociedad muy difícilmente los va a aceptar.
Por favor, necesitamos tu ayuda, Económica, Psicológica, Moral, Social, y Espiritual. Todos siempre tenemos algo que dar, como la mujer que en el Templo se quedaba hasta atrás y echaba solo unas moneditas, o como cuando en Cruz Roja hace años había un lema que decía Nadie es tan pobre que no la pueda ayudar, ni nadie tan rico que no la pueda necesitar.
Necesitamos manos, que quieran venir a ayudarnos, a lavar la ropa, a limpiar la casa, a cortarles el cabello, a hacer la comida los sábados y domingos, para que las mamas que durante muchos años lo han hecho tengan un día de descanso.
Les invitamos a venir y conocer, para ayudar,  necesitamos su apoyo para salir adelante con estos niños que Dios nos dio a todos, porque por el solo hecho de ser Niños y Victimas de Violencia, es a la Sociedad a quien Dios va a tocar su corazón, porque también son hijos de Dios y de Nuestra Sociedad.

TÚ PUEDES SEMBRAR SONRISAS EN ESTOS NIÑOS CON TU AMOR Y CON TU APOYO.

DIOS BENDIGA TU GENEROSIDAD Y CUIDE EN SU AMOR.
atte. Hna. Virginia A. Oropeza Baez






 
 

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